La colegiala se escapa de clase y la obligan a chupar

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La colegiala de nalgas grandes se aburrió de la clase y decidió escaparse al baño. Mientras ajustaba su falda corta, sintió que alguien le tapaba la boca y la arrastraba hacia el salón vacío. Allí, varios chicos con culos calientes la rodearon y la obligaron a arrodillarse.

«¡Vamos, putita! Queremos que chupes nuestras vergas como la zorra que eres», le dijo uno de ellos mientras le levantaba la falda y le bajaba las bragas. La colegiala, asustada pero excitada, sintió la pija dura de uno de ellos en su cara, oliendo a sudor y deseo.

Con las manos atadas, la chica no tuvo más opción que empezar a mamar aquella verga desconocida. Cada embestida en su boca la hacía sentir más sumisa, más sucia. Los otros chicos se desnudaron y empezaron a tocarse las pollas, listos para seguir la fiesta.

La colegiala, con lágrimas en los ojos, solo podía gemir entre mamadas. «¡Así se hace, colegiala de mierda! ¡Métele la lengua al cipote como la perra que eres!», le gritaban, excitados por la escena. Ella, humillada pero excitada, obedecía sin rechistar.

Uno de los chicos se acercó por detrás y comenzó a acariciarle las nalgas grandes, apretándolas con fuerza. «¡Qué culo caliente tienes, zorra! ¡Estoy deseando cogértelo hasta el fondo!», le susurró al oído mientras ella seguía mamando sin descanso.

Entre jadeos y gemidos, la colegiala se sintió invadida por varias manos, tocando su cuerpo, sus tetas, su concha mojada. Los chicos la rodeaban, excitados por tener a una colegiala sumisa y caliente a su merced.

De repente, uno de ellos la tiró al suelo, la dejó a cuatro patas y le bajó las bragas. «¡Es hora de coger a la putita en celo, chicos! ¡A ver quién se anima a romperle el culo primero!», gritó, desencadenando una serie de risas perversas.

La colegiala, sintiendo el frío del suelo en sus rodillas, estaba lista para ser penetrada. Uno de los chicos se acercó por detrás, apuntando a su ano con su verga dura y lista para el placer. Con un empujón brusco, la cogió por el culo sin contemplaciones.

Los gemidos se mezclaban con gritos de dolor y placer. «¡Sí, dame más por el culo, cabrón! ¡Hazme tu puta!», exclamaba la colegiala, entregada al frenesí del sexo anal salvaje. Los otros chicos disfrutaban el espectáculo, masturbándose y ansiosos por participar.

Después de ser cogida analmente sin piedad, la colegiala fue volteada y obligada a abrir la boca de par en par. «¡Es hora de darte tu premio, putita! ¡Toma toda mi leche en tu boca de guarra!», exclamó uno de los chicos justo antes de venirse en su rostro.

El semen caliente inundó su boca y su rostro, dejándola empapada y exhausta. Los otros chicos no quisieron ser menos y también se corrieron sobre ella, cubriéndola de fluidos y obscenidades. La colegiala, rendida y satisfecha, solo pudo sonreír entre la mezcla de placer y vergüenza.

Los chicos, satisfechos y excitados, la dejaron en el suelo, con la ropa desordenada y el cuerpo marcado por la lujuria. La colegiala, luego de aquel encuentro salvaje e inesperado, se levantó con una mezcla de excitación y confusión, caminando hacia la salida con paso inseguro pero decidido.