Qué ricas nalgas tiene su chica y adora coger en el baño

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Estaba en una fiesta en casa de mi amigo, y no podía apartar la mirada de las ricas nalgas de su chica. Tenía un culo grande que me volvía loco. Desde que llegué, no dejaba de pensar en cómo sería coger con ella en el baño. La imaginaba desnuda, con sus tetas al aire, lista para recibir mi verga. No pude resistir más y le lancé una mirada que denotaba mis intenciones.

Ella captó el mensaje al instante y me guiñó un ojo. Sabía lo que quería. Sin decir una palabra, nos escapamos al baño. Al entrar, no pude evitar apretar su culo con fuerza. Estaba tan excitado que mi verga parecía estar a punto de reventar. Ella se inclinó sobre el lavamanos y me miró con deseo, listo para que la cogiera como nunca.

No perdí tiempo y comencé a bajarle los pantalones, revelando su hermoso trasero en toda su gloria. Empecé a tocar su piel suave, pasando mis manos por sus curvas y sintiendo la excitación crecer en mí. No podía esperar más para penetrarla y hacerla gemir de placer.

La puse contra la pared y le dije al oído lo mucho que deseaba su culo grande. Me miró con lujuria y me pidió que no me contuviera, que le diera con todo. Sin más preámbulos, introduje mi verga en su concha mojada y empecé a cogerla con fuerza, sintiendo cada embestida como si fuera la última.

Los gemidos de placer resonaban en el pequeño baño, mezclados con el sonido de nuestros cuerpos chocando. Ella se agarraba fuertemente al lavamanos, arqueando la espalda y ofreciéndome su culo para que lo azotara. No pude resistirme y le di una nalgada, haciéndola jadear de placer.

Notaba cómo su concha apretaba mi verga con fuerza, rogando por más. Decidí llevar las cosas al siguiente nivel y le propuse probar algo diferente. Le pregunté si le gustaría que la cogiera por el culo, y ella aceptó con una sonrisa traviesa en los labios.

Preparamos el terreno, añadiendo un poco de lubricante para facilitar la entrada. Ella se inclinó y levantó su culo en señal de sumisión, rogándome que la penetrara por ese estrecho agujero. No me hice rogar y comencé a introducir mi verga poco a poco, sintiendo cómo se abría paso en su interior.

Los gemidos se intensificaron aún más, mezclados con gritos de dolor y placer. Ella disfrutaba de cada embestida, pidiéndome que fuera más duro. No podía creer lo excitante que resultaba cogerla por el culo, viendo cómo sus nalgas temblaban con cada embestida.

Estábamos en un éxtasis de placer, perdidos en nuestro propio mundo de lujuria y deseo. No nos importaba el ruido que pudiéramos estar haciendo, solo queríamos seguir cogiendo sin parar. Ella se retorcía de placer, pidiéndome que la cogiera más fuerte y me corriera dentro de ella.

Sentía cómo mi pija estaba a punto de explotar, listo para venirse y llenarla de semen. Aumenté el ritmo de mis embestidas, sintiendo cómo el orgasmo se acercaba con rapidez. Ella gritaba de placer, entregándose por completo a la cogida salvaje que le estaba dando.

Finalmente, no pude contenerme más y me corrí dentro de su culo, sintiendo cómo mi semen llenaba cada rincón de su interior. Ella también llegó al orgasmo en un estallido de placer, temblando de placer y dejándose llevar por las intensas sensaciones que recorrían su cuerpo.

Nos miramos con complicidad, exhaustos pero satisfechos. Habíamos disfrutado de una cogida inolvidable en el baño, explorando nuevos límites de placer y lujuria. Sabía que aquella noche no sería la última vez que disfrutaríamos juntos, entregándonos por completo al sexo desenfrenado y apasionado.