Le dije a la chava de la limpieza que viniera sin bragas

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La chava de la limpieza llegó a la casa justo como le pedí, sin bragas debajo de su uniforme. Sus caderas delgadas se balanceaban al caminar, y sus nalgas se marcaban con cada paso que daba. Desde que la vi la primera vez, supe que quería cogérmela sin compasión. No podía resistir la tentación de imaginar cómo sería verla en acción, con sus culos xxx moviéndose al ritmo de mis embestidas.

Me acerqué a ella con una sonrisa pícara en los labios y le dije al oído con voz ronca: «Hoy quiero que hagas algo diferente, quiero que limpies mi verga con tu boca». La sorpresa se reflejó en sus ojos, pero no tardó en obedecer. Se arrodilló frente a mí sin decir una palabra, desabrochó mi pantalón y sacó mi pija dura como una roca. Empezó a mamármela con ansias, moviendo su lengua alrededor de mi glande y succionando con fuerza.

Sentí cómo su saliva caliente se deslizaba por mi Verga, lubricándola para lo que vendría después. La tomé de la cabeza y empecé a guiarla, marcando el ritmo de las mamadas. Sus labios apretados me hacían gemir de placer, mientras mis manos se perdían entre sus cabellos desordenados. Quería sentir su garganta apretada mientras me la comía entera, coger su boca sin piedad.

Después de un rato de mamármela con ganas, la levanté bruscamente y la incliné sobre la mesa. Levanté su falda y encontré su Concha empapada, lista para recibir mi verga con ansias. Sin pensarlo dos veces, la penetré con fuerza, sintiendo cómo se estremecía con cada embestida. Sus gemidos se mezclaban con mis gruñidos, creando una sinfonía de sexo desenfrenado.

Cogí a la chava de la limpieza con furia, sin darle tregua, sintiendo su Culito apretado rodeando mi pija. Cada embestida era más intensa que la anterior, cada vez más profunda, más salvaje. Sus uñas arañaban la mesa, su espalda se arqueaba de placer, pidiendo más y más. Le dije al oído que quería verla gozar, quería que disfrutara de cada centímetro de mi verga dentro de ella.

Nuestros cuerpos sudorosos se movían al compás de la lujuria, creando una danza de deseo incontrolable. La tomé por las caderas y la hice girar, poniéndola de rodillas para seguir cogiéndola por detrás. Su culo se veía aún más tentador en esa posición, sus nalgas temblando con cada embestida, pidiendo más y más. No pude resistir la tentación y decidí probar algo más intenso.

Le dije que quería probar algo diferente, quería sentir su culito apretado envolviendo mi Pija. Ella aceptó sin dudarlo, excitada por la idea de tener sexo anal. La lubriqué bien con saliva, preparando su ano para la cogida más intensa de su vida. Poco a poco fui entrando en ella, sintiendo cómo su Culito se abría para mí, acogiendo mi Verga con ansias.

El sexo anal era tan apretado, tan intenso, que no pude contenerme por mucho tiempo. Mis embestidas se hicieron más rápidas, más fuertes, más profundas. La chava de la limpieza gemía de placer, pidiendo más y más, rogando por una Venida salvaje. Y yo no iba a defraudarla.

Finalmente, sentí cómo el orgasmo se acercaba, cómo mi verga palpitaba de deseo por venirse dentro de ella. La saqué de su culito y la tomé de los cabellos, dirigiéndola hacia mí. Le dije que abriera la boca y recibiera mi venida con gusto, y así lo hizo. Disparé chorros de semen caliente directo a su boca, sintiendo cómo lo tragaba todo con ansias, sin dejar caer ni una gota.

Nos quedamos allí, exhaustos y satisfechos, respirando agitadamente después de la sesión de Cogidas más intensa que habíamos tenido. La chava de la limpieza me miró con una sonrisa pícara en los labios y me dijo: «¿Para cuándo la próxima limpieza, jefe?». Y yo solo pude reír y pensar en lo que nos depararía la próxima vez que viniera sin bragas a trabajar.