La morrita mexicana le hace desprecio oral a su primo

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La morrita mexicana se sentía caliente como nunca antes. Tenía la concha chorreando de deseo y su primo, un cabrón con una verga gruesa y venosa, estaba listo para satisfacer sus más bajos instintos. Él le había estado echando ojo a ese culo caliente desde hacía tiempo, y finalmente, la oportunidad se presentó en la noche de Navidad, cuando la familia estaba distraída con los regalos y las cervezas. Sin pensarlo dos veces, arrastró a la morrita a un rincón oscuro de la casa.

«¡Mira, putita! Hoy vas a mamar mi verga como la zorra que eres», le dijo el primo con una sonrisa llena de malicia. Sin darle tiempo a responder, sacó su pija y se la metió en la boca. La morrita, sorprendida por la rudeza de su primo, comenzó a chupar como si nunca hubiera mamado una verga antes. Sentía cada vena, cada gota de presemen que salía de esa pija caliente.

Entre gemidos y jadeos, el primo le ordenó que se quitara la ropa. La morrita, sumisa y excitada, obedeció al instante. Estaba allí, completamente desnuda frente a su primo, con las tetas pequeñas y los pezones duros de la excitación. El primo, sin perder tiempo, la empujó hacia abajo y la hizo arquear la espalda. Le separó las nalgas y comenzó a lamer su culo caliente, mientras ella gemía de placer.

Con una habilidad sorprendente, el primo sacó un tubo de lubricante y comenzó a untar su verga, preparándose para lo que vendría a continuación. La morrita, con los ojos vidriosos de lujuria, rogaba por ser cogida como nunca antes. Sin decir una palabra, el primo la volteó y la penetró con fuerza, haciéndola gritar de placer y dolor al mismo tiempo.

«¡Sí, sí, cógeme duro, primo! ¡Hazme tuya una y otra vez!», exclamaba la morrita entre gemidos y sollozos. El primo, con una mirada salvaje en los ojos, la embestía una y otra vez, sin descanso. Sentía cada centímetro de su verga entrando y saliendo de esa concha apretada y húmeda, y la sensación era indescriptible.

Después de un rato de culeando sin control, el primo decidió llevar las cosas a otro nivel. Sacó su verga de la concha de la morrita y la dirigió hacia su culo, listo para un sexo anal que dejaría huella en ambos. Con cuidado, fue penetrando ese agujero estrecho y virgen, sintiendo cómo se estiraba con cada embestida.

La morrita, entre gemidos y lágrimas de placer, se entregaba por completo a su primo. Sentía una mezcla de dolor y placer indescriptible, y sabía que no había vuelta atrás. El primo, con la verga empapada de los jugos de la morrita, seguía culeando sin piedad, haciéndola sentir como nunca antes.

Después de una sesión brutal de sexo anal, el primo sintió cómo el orgasmo se acercaba rápidamente. Con un gruñido de placer, sacó su verga del culo de la morrita y le dijo: «¡Ahora vas a recibir mi venida en tu carita de puta!». Sin tiempo para reaccionar, la morrita sintió cómo el semen caliente del primo le llenaba la cara y la boca, haciéndola tragar cada gota con ansias y lujuria.

Agotados y sudorosos, se miraron a los ojos con complicidad. Sabían que lo que habían hecho era tabú, sucio, pero al mismo tiempo, excitante y liberador. Se vistieron en silencio, sabiendo que aquel momento quedaría grabado en sus mentes para siempre.

La morrita mexicana y su primo volvieron a la fiesta, con una sonrisa cómplice en los labios. Nadie sospechaba lo que acababan de hacer en la penumbra de aquella casa. Seguirían siendo familiares ante los ojos de todos, pero en secreto, sabían que algo más intenso los unía a partir de ese momento.