La colegiala asegura que le duele, pero se mete toda

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La colegiala estaba de rodillas, con su uniforme escolar desgarrado y su culo perfecto expuesto al aire. El chico, con una verga tan dura como una roca, la miraba con deseo mientras ella decía entre gemidos: «Me duele, pero quiero toda tu pija en mi culo caliente». Sin embargo, esa zorrita no perdía tiempo y se metía la verga entera, disfrutando cada centímetro.

Él la tomó por las caderas y empezó a cogerla sin piedad, sintiendo cómo su pija se adentraba en lo más profundo de su culo. La colegiala gemía y gritaba de placer, pidiendo más y más mientras sus tetas saltaban con cada embestida. «¡Sí, sí, dame más, rompeme el culo!», exclamaba mientras él la penetraba sin descanso.

El sudor empezaba a empapar sus cuerpos, mezclándose con la excitación y la lujuria. La colegiala, con su mirada de perversión, se aferraba a la verga del chico, disfrutando cada embestida como si fuera la última. «¡Qué rico me coges, papi! ¡Quiero sentirte más adentro, dame más fuerte!», suplicaba entre jadeos desesperados.

La escena era digna de una película porno amateur, con la colegiala siendo sometida por aquel chico que la hacía sentir como una puta en celo. Sus gemidos resonaban en la habitación, mientras él seguía culeándola con fuerza, sin dar tregua a su culo caliente. La colegiala simplemente se dejaba llevar por el placer, entregándose por completo a la verga que la estaba taladrando.

Entre gemidos y suspiros, la colegiala no dejaba de pedir más, de querer sentirlo todo dentro de ella. «¡Sí, sí, así, más fuerte, más profundo!», gritaba mientras él seguía metiéndole la verga sin compasión. Cada embestida era como una descarga eléctrica de placer que recorría su cuerpo y la hacía estremecerse de gusto.

El chico, sintiendo el calor y la humedad de su culo perfecto, no podía contenerse más. Sabía que estaba a punto de venirse y quería hacerlo dentro de ella, llenándola con su semen caliente. «¡Ahora sí, putita, te voy a llenar el culo de leche!», anunció antes de dejar escapar un gemido de placer y venirse en lo más profundo de su ser.

La colegiala, sintiendo el chorro de semen caliente dentro de su culo, también llegó al orgasmo, convulsionando de placer mientras experimentaba una venida intensa y deliciosa. Ambos quedaron exhaustos, sudorosos y satisfechos, disfrutando del momento de éxtasis que habían compartido.

Después de un momento de descanso, la colegiala se levantó con una sonrisa traviesa en su rostro y le dijo al chico: «Eso estuvo increíble, pero ¿qué tal si ahora me la chupas hasta el fondo?». El chico, excitado por la propuesta, la tumbó en la cama y empezó a mamarle la concha con ansias, sintiendo cómo ella se retorcía de placer bajo su lengua experta.

Ella gemía y se retorcía de placer, disfrutando de cada lamida y succión que él le brindaba. «Así, así, sigue chupando mi concha, papi. ¡Qué rico lo haces!», exclamaba mientras se agarraba de las sábanas con fuerza, entregándose por completo al placer que le estaban proporcionando.

El chico, sintiendo cómo ella se humedecía más y más, decidió ir un paso más allá y empezó a lamer su ano, preparándola para una sesión de sexo anal aún más intensa. La colegiala, sorprendida y excitada, se dejó llevar por las sensaciones que le provocaba su lengua traviesa, gimiendo de placer sin poder controlarse.

Finalmente, el chico se puso en posición y empezó a penetrarla por detrás, sintiendo cómo su verga entraba y salía de su culo caliente con facilidad. La colegiala, extasiada por la sensación de ser cogida de nuevo, no dejaba de gemir y pedir más, más duro, más profundo.

La escena continuó con ambos entregados al placer, disfrutando de cada embestida y cada gemido que escapaba de sus labios. El chico la cogía con pasión y vigor, sin dejar de escuchar los gemidos y suplicas de la colegiala que pedía más y más.

La habitación se llenó de gemidos, sudor y lujuria, mientras la colegiala seguía siendo penetrada por aquel chico que la hacía sentir como la puta más deseada. El sexo anal los llevó a un nuevo nivel de placer, y ambos se dejaron llevar por la pasión desenfrenada que los envolvía.