Creo que le dolió a la colegiala que la embistieran así

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La colegiala con un culo grande estaba lista para ser embestida por detrás en uno de esos videos de culos que tanto excitan a los pervertidos. La habitación estaba en penumbras, solo iluminada por el destello azul de una pantalla de computadora. Ella, con su uniforme de colegiala, se inclinó sobre la cama, ofreciendo su trasero al hombre que estaba ansioso por penetrarla.

Él, con una verga dura como roca, se acercó a ella y le dio una fuerte nalgada que hizo retumbar la estancia. La colegiala gimió, mezcla de dolor y placer, mientras él le decía obscenidades al oído. «Te voy a destrozar ese culo grande hasta que no puedas caminar, putita», le susurró con voz ronca.

La chica sintió un escalofrío recorrer su espalda, excitada por la brutalidad con la que estaba siendo tratada. Sin mediar palabra, el hombre le bajó las bragas y comenzó a lamer su concha mojada, haciendo que ella se retorciera de placer. Sus gemidos resonaban en la habitación, acompañados por el sonido húmedo de la mamada que le estaba dando.

Después de unos minutos de sexo oral, el hombre se puso en posición detrás de ella y, sin contemplaciones, comenzó a penetrarla por detrás. La colegiala soltó un grito ahogado, mezcla de dolor y éxtasis, mientras él la cogía con fuerza, embistiendo su culo una y otra vez.

El ritmo de la cogida era frenético, sus cuerpos chocando con violencia mientras gemían en un torbellino de lujuria desenfrenada. El hombre agarraba con fuerza las caderas de la colegiala, marcando su piel con sus dedos, mientras ella se aferraba a las sábanas, sintiendo cómo su cuerpo era poseído sin piedad.

Cada embestida era más intensa que la anterior, el hombre no paraba de culearla con furia, sintiendo el calor de su interior envolviéndolo por completo. La colegiala, entre gemidos y sollozos, no podía evitar disfrutar de esa cogida salvaje, aunque le doliera cada vez que él la embestía con brutalidad.

El sudor empapaba sus cuerpos, mezclándose con el aroma a sexo que impregnaba la habitación. Los gemidos, los gritos y el sonido de sus cuerpos chocando se fundían en una sinfonía obscena que los envolvía en un éxtasis primitivo.

La colegiala, con el rostro enrojecido y los ojos vidriosos de placer, se retorcía de gusto con cada embestida que recibía. Su culo grande era el epicentro de aquella tormenta de sexo desenfrenado, siendo violado sin compasión por el hombre que la estaba penetrando.

Él, con la verga aún dura y palpitante, no paraba de cogerla con fiereza, disfrutando de la sensación de tenerla completamente sometida a sus deseos más oscuros. Sus manos recorrían sin pudor su espalda sudorosa, apretando con fuerza su piel mientras seguía embistiéndola sin descanso.

La colegiala, entre gemidos entrecortados y gritos de placer, sintió cómo el orgasmo se acercaba a pasos agigantados. Su cuerpo estaba al límite de la sensación más intensa que jamás había experimentado, y sabía que la venida estaba próxima.

El hombre, sintiendo el calor abrasador del placer recorrer su cuerpo, aumentó la intensidad de las embestidas, culeando a la colegiala con una furia desenfrenada. Sabía que ella estaba a punto de explotar en un orgasmo devastador, y eso solo lo excitaba más.

Y entonces, en medio de un grito ahogado y un gemido prolongado, la colegiala se vino con una intensidad abrumadora, su cuerpo temblando de arriba abajo mientras el hombre seguía embistiéndola sin piedad. El semen caliente se derramó entre sus piernas, marcando el final de una cogida que los dejó exhaustos y satisfechos.

Así terminó aquel encuentro salvaje entre la colegiala de culo grande y el hombre que la embistió con una pasión desmedida. Ambos se quedaron tendidos en la cama, agotados pero llenos de satisfacción, sabiendo que aquella experiencia no sería la última vez que se encontraran en ese lugar de perdición.