Chupando en los baños de la escuela

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La escuela estaba vacía, solo quedábamos algunos alumnos rezagados. Miré a mi alrededor y vi a Laura, una compañera con un culo perfecto. No pude resistirme y la seguí hasta los baños, donde la encontré tocándose sus tetas enormes. Me acerqué por detrás y le susurré al oído lo caliente que me ponía su culo.

Ella se giró, con una sonrisa traviesa en los labios carnosos, y me dijo que siempre había deseado que la cogieran en los baños de la escuela. Sin perder tiempo, nos desnudamos rápidamente, dejando al descubierto nuestra lujuria desenfrenada. Me arrodillé y empecé a comerle el coño, mientras ella gemía de placer y me decía lo bien que chupaba mi verga.

Después de un rato de sexo oral intenso, la puse contra la pared, levantándole ese culo caliente que tanto me volvía loco. Sin decir una palabra, la penetré con fuerza, haciéndola gritar de placer. Sentía el sudor correr por mi frente mientras ella gemía y pedía más y más.

Seguí culeando a Laura con furia, sintiendo cada embestida en lo más profundo de mi ser. Sus gemidos se mezclaban con el eco en los baños vacíos, creando una sinfonía de placer inigualable. No podía creer lo cachonda que estaba aquella chica, pidiéndome más y más verga en su apretada concha.

De repente, Laura me miró con una mirada salvaje en los ojos y me rogó que la cogiera por el culo. Sin pensarlo dos veces, la puse en posición y comencé a penetrar su ano apretado, sintiendo cada centímetro de mi verga abriéndose paso en su interior. Era una sensación indescriptible, mezcla de dolor y placer extremo.

Entre gemidos y sudor, seguí dándole con todo, culeando ese culo perfecto como si no hubiera un mañana. Laura se retorcía de placer, pidiéndome más y más, rogándome que la hiciera venir una y otra vez. Estábamos en un éxtasis de lujuria desenfrenada, sin importarnos nada más que el placer que nos proporcionábamos mutuamente.

Después de un rato de intenso sexo anal, no pude contener más mi excitación y le di la vuelta a Laura, quien me miraba con ojos suplicantes, pidiendo mi venida en su rostro. Sin dudarlo, me masturbé frenéticamente, sintiendo cómo el semen salía disparado y bañaba su cara de inocente colegiala.

Laura sonrió satisfecha, saboreando mi venida en su boca como si fuera el mejor manjar. Nos vestimos rápidamente, con la adrenalina aún corriendo por nuestras venas, y salimos de los baños como si nada hubiera pasado, sabiendo que guardábamos un secreto sucio y placentero entre los dos.

Esa experiencia en los baños de la escuela quedaría grabada en mi mente para siempre, recordándome lo excitante que podía ser el sexo prohibido y clandestino. Laura y yo nos miramos de reojo al cruzarnos por los pasillos, sabiendo que nuestro encuentro había sido solo el comienzo de una serie de aventuras sexuales salvajes y placenteras.