Anal a una preñada insaciable

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La noche caía sobre la ciudad, y en un suburbio olvidado, una preñada insaciable ansiosa de placer se retorcía en la cama. Sus tetas hinchadas y su culo grande enmarcaban su figura envuelta en lencería barata. Su pareja, un macho alfa con una verga enorme, la miraba con deseo, listo para satisfacer sus más bajos instintos.

—¿Estás lista para que te reviente el culo, putita? —dijo él con voz ronca, agarrándola con firmeza.

—¡Sí, fóllame duro! Quiero sentir tu verga dentro de mí, ¡hazme tuya! —gimió ella, ansiosa por la cogida que se avecinaba.

La habitación estaba cargada de un aroma a sexo y deseo. Sin mediar más palabras, él la empujó bruscamente hacia abajo, haciéndola arquear la espalda y ofrecerle su culo en pompa. Sus manos ásperas agarraron sus caderas con fuerza, listo para penetrarla con violencia.

Con un gruñido animal, la embistió sin piedad, sintiendo cómo su verga entraba y salía de su concha empapada. Los gemidos de placer se mezclaban con el sonido de sus cuerpos chocando en un ritmo frenético.

—¡Sí, sí, cógeme como la puta que soy! —gritó ella, sintiendo el éxtasis recorrer cada fibra de su ser.

El sudor perlaba sus cuerpos entrelazados, la lencería rota y olvidada en un rincón. Él la volteó bruscamente, poniéndola boca abajo en la cama, listo para darle el anal que tanto ansiaba.

—¿Quieres que te rompa el culo, zorra? —inquirió con voz gutural, ansioso por poseerla por completo.

—¡Sí, sí, quiero sentirte dentro de mi culito! —respondió ella, con los ojos brillando de deseo.

Con una mezcla de saliva y sudor, lubricó su verga y la guió hacia el estrecho agujero del culo de la preñada. Con paciencia y determinación, comenzó a abrirse paso, sintiendo cómo cada centímetro era una victoria en su conquista anal.

Los gritos de dolor se confundían con gemidos de placer, mientras él seguía culeando sin compasión. La sensación de estar poseída en cuerpo y alma la embriagaba, llevándola a un estado de éxtasis indescriptible.

—¡Más fuerte, más profundo! ¡Hazme tuya por completo! —suplicó ella, entregada al placer más salvaje.

La habitación resonaba con el sonido de sus cuerpos chocando, el aroma a sexo impregnando el aire. Él aceleró el ritmo, sintiendo cómo el punto de no retorno se acercaba inexorablemente.

Con un último embate salvaje, él se dejó llevar por la vorágine del placer, sintiendo cómo su verga explotaba en el culo de la preñada insaciable. La venida fue épica, el semen brotando con fuerza y llenándola por completo.

Agotados y saciados, se quedaron abrazados en la cama, sintiendo el calor de sus cuerpos entrelazados. La noche los envolvía en un manto de lujuria y desenfreno, prometiendo más culeadas salvajes en un futuro cercano.