Mi prima me envía videos tocándose sin calzones

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Recibí un mensaje de WhatsApp inesperado de mi prima, un video que decía: «Mira lo que hago cuando estoy sola». Sin pensarlo dos veces, le di play y me encontré con la imagen de sus nalgas grandes moviéndose frente a la cámara. No llevaba calzones, y su culo caliente se veía más provocativo que nunca.

Me excitó de inmediato verla así, tan descarada, tocándose sin tapujos. Mis manos no tardaron en buscar mi verga, dura como roca, mientras seguía viendo el video. No podía creer que mi prima estuviera enviándome algo tan obsceno, pero la excitación pudo más que la sorpresa.

En la pantalla, ella se acariciaba las tetas con una mano y con la otra se dedicaba a masajear su entrepierna. Sus gemidos se escuchaban bajito, pero eran suficientes para encender mi deseo por ella. Quería cogerla, hacerla mía, sentir su cuerpo contra el mío mientras nos entregábamos al placer más perverso.

No pude resistir la tentación y le respondí con un mensaje sugerente: «Qué caliente estás, prima. ¿Te gustaría que te deje sin aliento?». La respuesta llegó en forma de otro video, esta vez mostrando cómo se introducía un dedo en la concha. La imagen era tan explícita que me sentí a punto de estallar.

Le propuse encontrarnos en persona, sin rodeos ni tapujos. Quería cogerla como nunca antes, saciar esa lujuria que nos consumía a ambos. Mi prima aceptó de inmediato y quedamos en su casa esa misma tarde.

Cuando llegué, me recibió con una lencería tan provocativa que apenas pude contenerme. Su cuerpo era una tentación andante, con sus curvas perfectas y su culo caliente pidiendo a gritos ser cogido. No esperamos ni un segundo más y nos lanzamos uno sobre el otro en un arranque de deseo incontrolable.

Me abalancé sobre ella, besando con ferocidad su boca mientras mis manos exploraban cada rincón de su figura. Sentir sus nalgas grandes bajo mis dedos me volvía loco, y su gemido de placer me confirmaba que estábamos hechos el uno para el otro.

La tumbé en la cama y comencé a devorar sus tetas con avidez, chupando sus pezones con fuerza y haciéndola gemir de puro placer. Ella se retorcía bajo mis caricias, rogando por más, por una cogida que la dejara sin aliento.

Sin pensarlo dos veces, bajé hacia su entrepierna y comencé a lamer su concha con voracidad. El sabor de su sexo me embriagaba, y cada gemido suyo me incitaba a seguir culeando sin parar. Quería hacerla venir una y otra vez, hasta que perdiera la razón por completo.

Cuando estuvo lo suficientemente húmeda, me pidió que la penetrara con fuerza, que la cogiera como nunca antes lo había hecho. Sin dudarlo, coloqué mi verga en la entrada de su cueva y la embestí con toda la fuerza que pude reunir. Sus gritos de placer resonaban en la habitación, mezclándose con mis gruñidos de deseo.

El sudor comenzó a empapar nuestros cuerpos, uniéndonos en una danza frenética de sexo desenfrenado. Cada embestida era más intensa que la anterior, y podía sentir cómo mi prima se acercaba al orgasmo con cada movimiento de cadera.

La volteé y la penetré por detrás, disfrutando de la vista de su culo caliente en pleno acto de lujuria. La visión de sus nalgas grandes temblando con cada embestida era más de lo que podía soportar, y me dejé llevar por la avalancha de placer que se apoderaba de nosotros.

Finalmente, llegamos juntos al clímax, explotando en un torrente de venida desenfrenada que nos dejó exhaustos y satisfechos. Nos abrazamos con fuerza, sabiendo que aquel encuentro no sería el único, que nuestras ganas de cogerse mutuamente nos llevarían a explorar límites insospechados.

Mi prima me envió más videos tocándose sin calzones en los días siguientes, alimentando nuestro deseo hasta límites insospechados. Sabíamos que lo nuestro era prohibido, pero eso solo hacía que la pasión ardiera con más fuerza. Estábamos destinados a ser amantes, a coger sin límites ni remordimientos.