Cogiendo a una nena estudiantil

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Desde que vi a esa nena estudiantil de nalgas grandes en la esquina, supe que quería cogerla. Su uniforme escolar ajustado le marcaba el culito de una forma irresistible, y su mirada traviesa me retaba a acercarme. No pude resistirme a la tentación y me le acerqué con una propuesta sucia en mente.

«¿Te gustaría ganarte una buena nota a cambio de un favor especial?» le susurré al oído, viendo cómo sus mejillas se coloreaban de excitación. Sin pensarlo dos veces, aceptó mi propuesta y juntos nos adentramos en un callejón oscuro donde nadie nos encontraría.

Una vez a solas, le ordené que se arrodillara y empezara a mamar mi verga sin clemencia. La nena estudiantil obedeció de inmediato, dejando ver su talento para chupar pollas. Sentir su boca caliente rodeando mi miembro me hizo gemir de placer, mientras acariciaba sus cabellos con deseo.

Después de una mamada memorable, la puse de espaldas contra la pared y levanté su falda, revelando unas nalgas grandes y firmes que invitaban al pecado. Sin contemplaciones, bajé sus braguitas y le introduje la verga de un solo golpe, haciéndola jadear de sorpresa y placer.

La cogida fue salvaje, con embestidas profundas y rápidas que resonaban en el callejón. Sus gemidos mezclados con mis gruñidos llenaban el ambiente, creando una sinfonía de lujuria incontrolable. Sus tetas se balanceaban con cada embestida, incitándome a apretarlas con fuerza.

«¡Sí, cógeme duro, papi! ¡Hazme tuya!» gritaba la nena estudiantil entre gemidos, instigándome a seguir adelante. No pude resistirme a su súplica y la embestí aún más fuerte, sintiendo cómo su concha apretaba mi verga en un delicioso abrazo húmedo.

La excitación era tal que decidí probar algo distinto, así que la coloqué en cuatro patas y le dije que preparara su culito para recibir mi pija. Con una sonrisa traviesa, la nena estudiantil se inclinó, ofreciéndome su trasero de manera sumisa y deseosa.

Con cuidado pero determinación, empecé a penetrar su culo apretado, sintiendo cómo cada centímetro de mi verga era envuelto por el calor de su interior. Sus gemidos se volvieron mezcla de dolor y placer, excitándome aún más y llevándome al límite de la lujuria.

El sexo anal fue intenso, con embestidas lentas y profundas que nos llevaban al borde del éxtasis. El sudor cubría nuestros cuerpos, haciendo que la piel brillara bajo la luz de la luna. Cada embestida era como una descarga eléctrica de placer puro.

Finalmente, llegamos juntos al clímax, con un gemido compartido que resonó en el callejón vacío. Mi venida fue abundante, llenando su culito de semen caliente que se desbordaba lentamente. La nena estudiantil temblaba de placer, exhausta pero satisfecha.

Nos vestimos rápidamente, intercambiamos una mirada cómplice cargada de deseo y nos despedimos sin decir una palabra. Sabíamos que ese encuentro prohibido quedaría entre nosotros, como un recuerdo ardiente de una pasión desenfrenada.

Desde entonces, cada vez que paso por aquella esquina y veo a una nena estudiantil de nalgas grandes, no puedo evitar recordar la noche en la que nos entregamos al placer más obsceno y delicioso. Y quién sabe, tal vez algún día vuelva a tentar a una de esas jovencitas con uniforme escolar y ganas de pecar.