Descuida, por provocarla se tira a su prima

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Él siempre supo que su prima tenía un culo perfecto. Desde chico, cada reunión familiar era una tortura para él, al verla con sus shorts ajustados que resaltaban su culo caliente y sus curvas insinuantes. La provocación constante lo llevaba al límite, pero guardaba sus deseos más oscuros en lo más profundo de su ser.

Una noche, en una fiesta familiar, las copas de más y la tensión sexual acumulada fueron la combinación explosiva que desencadenó todo. Él la vio sola en un rincón, con una mirada atrevida y una sonrisa desafiante. Sin mediar palabra, se acercó y la tomó de la mano, arrastrándola a una habitación apartada.

La prima, sorprendida pero excitada, no opuso resistencia. Sabía lo que estaba por venir y anhelaba sentir la verga dura de su primo saboreando cada rincón de su cuerpo. Él la empujó con fuerza contra la pared, arrancándole la ropa con ansias de poseerla por completo.

Los gemidos de placer resonaban en la habitación, mezclados con insultos y palabras soeces que aumentaban la intensidad del momento. Él la tumbó en la cama y comenzó a devorar cada centímetro de su piel, mientras ella se retorcía de placer bajo su dominio.

Con una lujuria desenfrenada, él se abalanzó sobre su culo perfecto, mordisqueando y golpeando con fuerza mientras ella gemía de placer. Sus manos ávidas exploraban cada recoveco, preparándola para lo que vendría a continuación.

La prima, entregada por completo a la pasión desenfrenada, rogaba por más. Quería sentir la pija dura de su primo penetrándola sin piedad, llenándola con cada embestida salvaje y haciendo que sus paredes internas se estremecieran de placer inenarrable.

Los cuerpos sudorosos se fundieron en un baile frenético de lujuria desenfrenada. Él la tomó con fuerza de las caderas y la penetró con violencia, arrancando gemidos de ambos que resonaban en la habitación como una sinfonía de sexo desenfrenado.

El ritmo era frenético, casi animal, sin espacio para la ternura ni la delicadeza. Cada embestida era un golpe seco que resonaba en el aire cargado de deseo, mientras el sudor y los fluidos corporales se mezclaban en un torbellino de placer absoluto.

Él la volteó bruscamente, dejándola en posición de perrito para tener acceso total a su culo caliente y listo para ser poseído. Sin mediar palabras, la embistió con furia, sintiendo cómo sus testículos golpeaban contra su culo en cada embestida.

La prima, en un éxtasis de placer inimaginable, se entregaba por completo a la culeada brutal que le estaba dando su primo. Sus gemidos se entremezclaban con los gruñidos de él, creando una sinfonía de deseo y lujuria que inundaba la habitación.

El sexo anal salvaje los consumía, llevándolos a un punto de no retorno donde solo importaba el placer carnal que los envolvía. Él embestía una y otra vez, sintiendo cómo la venida se aproximaba, anunciando la explosión de semen que los uniría en un éxtasis compartido.

Con un grito salvaje, él se dejó llevar por la marea de placer y se derramó en el interior de su prima, sintiendo cómo cada gota de semen inundaba su ser y la llenaba por completo. La prima, extasiada y exhausta, se dejó caer en la cama, satisfecha y saciada por completo.

Así, en un acto de lujuria desenfrenada y placer sin límites, la prima y el primo se entregaron por completo al deseo que los consumía, sabiendo que aquella noche quedaría marcada en sus memorias como un momento de pasión prohibida e inolvidable.