La colegiala hace sexo oral pero pide que no acabe en su rostro

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La colegiala, con su culo perfecto y caliente, se arrodilló frente al chico que tenía una verga grande y dura. Con un uniforme ajustado que resaltaba sus curvas, comenzó a mamar con ansias, moviendo su lengua de forma experta. Gimiendo suavemente, llevó la pija hasta lo más profundo de su garganta, sintiendo cómo palpitaba en su boca.

Él la agarraba del cabello, guiando sus movimientos, disfrutando cada succión de sus labios. La colegiala, con sus tetas firmes asomándose por el escote, se esforzaba por dar placer, pero en medio del frenesí, pidió entre jadeos que no acabara en su rostro.

El chico, excitado y dominante, la tomó con fuerza del mentón y le dijo palabras sucias al oído. «Te voy a coger como a la puta que eres, pero primero te voy a follar ese culo perfecto». La colegiala, sintiendo un escalofrío recorrer su cuerpo, se preparó para lo que venía, con la promesa de no dejar rastro en su rostro angelical.

Con un gemido de placer, la colegiala se posicionó en cuatro patas, ofreciendo su culo caliente y deseoso de ser penetrado. El chico, sin dudarlo, comenzó a follarla con fuerza, sintiendo cada centímetro de su verga entrar y salir de la concha mojada de la colegiala.

Los sonidos de la cogida resonaban en la habitación, mezclados con los gemidos y suspiros de ambos. La colegiala, con sus uñas clavadas en las sábanas, se dejaba llevar por la intensidad del momento, sintiendo cómo el placer la envolvía por completo.

El chico, excitado al máximo, decidió llevar las cosas a otro nivel. Sin previo aviso, empezó a acariciar el culo perfecto de la colegiala, preparándolo para lo que vendría a continuación. Con movimientos suaves pero firmes, introdujo un dedo en su ano, provocando gemidos de sorpresa y éxtasis.

«¿Te gusta que te toquen el culito, eh?» le susurró el chico al oído, mientras seguía estimulando su ano con habilidad. La colegiala, entre gemidos entrecortados, asintió con la cabeza, entregándose por completo al placer prohibido que estaba experimentando.

La excitación crecía a cada segundo, y la colegiala, con su culo caliente a merced del chico, rogaba por más. Sin dudarlo, el chico retiró su dedo y lo reemplazó por su pija, deslizándola lentamente por el ano de la colegiala, que se estremecía de placer.

Con movimientos cuidadosos pero firmes, el chico comenzó a coger el culo de la colegiala, sintiendo cómo se estrechaba alrededor de su verga. Los gemidos se intensificaron, mezclándose con gritos de placer y dolor, mientras ambos se dejaban llevar por la lujuria desenfrenada.

El sexo anal era una experiencia nueva para la colegiala, pero el placer que sentía superaba cualquier límite. Con cada embestida, se entregaba por completo al chico, disfrutando de sensaciones nunca antes experimentadas.

El chico, con el sudor perlado en su frente, aumentaba el ritmo de sus embestidas, sintiendo cómo el éxtasis se acercaba rápidamente. La colegiala, con el rostro enrojecido y los ojos nublados por el placer, se dejaba llevar por la vorágine de sensaciones que la envolvían.

Finalmente, en un último arrebato de placer, el chico se dejó llevar por la intensidad del momento y acabó con un gemido gutural, llenando el culo perfecto de la colegiala con su venida caliente. Ella, extasiada y exhausta, se dejó caer sobre la cama, sintiendo cómo el semen se deslizaba por sus muslos.

Entre jadeos y suspiros, la colegiala se giró hacia el chico y le dedicó una sonrisa cómplice. Aunque el semen había terminado en su culo y no en su rostro, la experiencia había sido inolvidable y tremendamente placentera. Ambos, agotados pero satisfechos, se abrazaron en un gesto de complicidad, sabiendo que aquella tarde habían explorado juntos los límites del placer más prohibido.