Colegiala le hace sexo oral a su compañero en el salón

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La tarde caía sobre el colegio, y el silencio reinaba en el aula vacía. Ana, una colegiala de dieciocho años con nalgas grandes y una mirada traviesa, se encontraba a solas con Martín, su compañero de clase. La tensión sexual entre ellos era palpable, y Ana no podía resistir más la tentación de probar la verga de Martín. Sin decir una palabra, se acercó a él con una sonrisa juguetona en los labios.

—¿Qué haces, Ana? —preguntó Martín, sorprendido por la actitud atrevida de la colegiala—. No podemos hacer esto aquí.

Pero Ana no escuchaba razones. Con un movimiento rápido, se arrodilló frente a Martín y comenzó a desabrocharle el pantalón. La verga de Martín saltó libre, lista para ser disfrutada por la joven colegiala. Sin dudarlo, Ana tomó la pija de Martín en sus manos y comenzó a acariciarla con destreza, sintiendo cómo crecía y se endurecía ante su contacto.

—¡Oh, sí, Ana! —gimió Martín, entregado al placer que la colegiala le brindaba—. ¡Métemela en la boca!

Sin decir una palabra, Ana obedeció los deseos de Martín y comenzó a mamar su verga con ansias. Sentía el sabor salado de su pija en su boca, y el placer recorría su cuerpo de arriba abajo. Martín gemía de satisfacción, disfrutando de la mamada experta de la colegiala.

Los gemidos y susurros se mezclaban en el aula vacía, creando una sinfonía de lujuria y deseo. Ana mamaba la verga de Martín con pasión, sintiendo cómo se endurecía aún más en su boca. Martín acariciaba el cabello de la colegiala, animándola a seguir chupando su pija con avidez.

—¡Así, colegiala puta! ¡Métemela toda en la boca! —gritaba Martín, excitado por la intensidad del momento.

El sonido húmedo de la mamada resonaba en el aula, mezclado con los gemidos de placer de Martín. Ana se esforzaba por complacer a su compañero, mamando con devoción y entregándose por completo al acto de sexo oral. La saliva resbalaba por la verga de Martín, lubricando su pija y facilitando los movimientos de la colegiala.

De repente, Martín detuvo a Ana y la levantó bruscamente. La colocó sobre el escritorio del profesor, levantándole la falda y dejando al descubierto sus nalgas grandes y provocativas.

—Es mi turno, colegiala cachonda —dijo Martín con voz ronca, mientras acariciaba las nalgas de Ana con deseo—. Voy a cogerte como te mereces.

Sin esperar más, Martín se lanzó sobre Ana y comenzó a besar sus labios con pasión desenfrenada. Sus lenguas se encontraron en un baile erótico, mientras sus manos exploraban los cuerpos excitados el uno del otro. Martín desabrochó la blusa de Ana, liberando sus tetas firmes y apetecibles.

—¡Sí, Martín! ¡Coge mis tetas! —gemía Ana, entregada al placer que su compañero le proporcionaba.

Martín no perdió tiempo y se abalanzó sobre las tetas de Ana, chupando y mordisqueando sus pezones con voracidad. La colegiala arqueaba la espalda de placer, sintiendo cómo su cuerpo se estremecía con cada lamida y succión que Martín le brindaba.

Luego, Martín descendió por el abdomen de Ana, besando y lamiendo cada centímetro de su piel. Llegó finalmente a su entrepierna, donde se detuvo un instante para admirar la concha jugosa y ansiosa de placer de la colegiala.

—¿Quieres que te folle, colegiala caliente? —preguntó Martín, con una sonrisa perversa en los labios.

—¡Sí, mándame tu pija! —respondió Ana, deseosa de sentir a Martín dentro de ella.

Sin más preámbulos, Martín se colocó entre las piernas de Ana y la penetró con fuerza y determinación. La colegiala gimió de placer al sentir la verga dura de su compañero abriéndose paso en su interior, llenándola y satisfaciendo sus ansias de sexo desenfrenado.